El despertador suena sobre las 6.15h. Mi intención era realizar fotos del amanecer… un vistazo por la ventana y el cielo pintaba mal: estaba lloviznando. Vuelta a la cama y a seguir durmiendo.
Ya con las pilas cargadas y con un tiempo inestable, nos lanzamos rumbo a La Isleta del Moro, un pueblo pesquero chiquito y bastante pintoresco que parecía más bien dormido debido a la poca gente que encontramos. Realizamos un pequeño paseo ataviados con paraguas e intentamos realizar las primeras fotografías bajo un cielo gris/blanquecino que más bien invitaba a todo lo contrario. Vuelta al coche y a seguir carretera adelante.


Minas de Oro de Rodalquilar

Las Minas de Oro de Rodalquilar, un lugar bastante interesante, se alza sobre el pueblo de Rodalquilar de unos 170 habitantes. Sus instalaciones abandonadas invitan a recorrerlas, algo que al menos a mi, me quedó pendiente para futuras visitas. Próxima parada, La Playa de El Playazo donde la zona del embarcadero y el fuerte son bastante interesantes fotográficamente. Eso sí, para fotografiarlos en un horario adecuado.

La Playa de las Negras y la Cala Cuervo y una Cala San Pedro que quedó para una próxima visita debido a la distancia a pie y el tiempo que debíamos invertir. Tras comer en Las Negras, próxima parada en Playa de Los Muertos tras breve parada en Agua Amarga y subida al Faro de Mesa Roldán y su torre vigía.

Faro de Mesa Roldán

Tras dar una vuelta por la zona del faro (con unas vistas alucinantes), decidimos bajar hasta la Playa de Los Muertos. Unos 20 minutos de bajada por empinada senda pero de fácil acceso y estamos en la inmensa playa. Sus aguas cristalinas, su “arena” gruesa nos invitan a zambullirnos… tubo y gafas y para adentro. La temperatura del agua comparada con la de las playas alicantinas es algo más fría, no hay problema. Miles de sensaciones debajo el agua. Hay que verlo y sentirlo.

Playa de los Muertos

Tras el baño, de nuevo subida por la senda (es el único acceso) y vuelta de nuevo hacia nuestra hospedería. El tiempo había mejorado notáblemente y lo que amaneció como un día gris plomizo, había ido aclarándose a lo largo de la mañana-tarde. El día todavía no había acabado… cena y… sin pensarlo dos veces nos dirigimos hacia el Arrecife de las Sirenas con intención de realizar una tomas nocturnas aprovechando que la noche estaba despejada (ya se anunciaban lluvias y nubes para el próximo día).

Cansados pero con una sonrisa de oreja a oreja, ilusionados, nos plantamos frente a la Iglesia de las Salinas. Ésta presenta pocas opciones de encuadre, se encuentra en periodo de remodelación según reza un molesto cartel que se empeña en fastidiar casi todo encuadre posible. Tras una breve sesión de fotos el Arrecife de las Sirenas, con su embarcadero, el faro… nos esperaban.

La noche acompañaba, la luna estaba radiante y las nubes se comportaron con nosotros. Estar solos ante semejante formación natural, el sonido del mar, la brisa y sobre todo la compañía de Inma hicieron de la experiencia irrepetible.

Cabo de Gata desde el Arrecife de las Sirenas

Próximamente más, el tiempo es oro, y dispongo de más bien poco para escribir y mucho menos procesar como quisiera las fotos.