21 de septiembre de 2010
Gargantas del Todra

Gargantas del Todra

La ducha fría del hotel un un primer momento me sienta como una patada en la entrepierna, pero me reactiva y me pone las pilas de inmediato. Hoy hemos quedado con Mohamed para realizar un pequeño recorrido a pie por las Gargantas del Todra.

Mohamed es un bereber de 40 años que ama y vive en el Valle del Todra. Casado y con 3 hijos, se gana la vida como puede pero disfruta de la escalada y acompañando a gente en rutas de senderismo.  Habla español bastante bien para haberlo aprendido “en la calle”. Esto viene bien, lo cual hace que las 4.5 horas de ruta dé para conversaciones más que interesantes.
 
Iniciamos el camino casi sin darnos cuenta. Las vistas comienzan a ser impresionantes. Macizos de roca con poquísima vegetación. Nos cruzamos con los primeros nómadas. Me quedo maravillado viendo sus vestimentas y la velocidad con que se desplazan por sitios donde a nosotros nos cuesta un poco. Son gente humilde y muy pobre. Sus ropas, su calzado hacen plantearnos interiormente para qué y por qué necesitamos tantos lujos.El camino es duro, el sol calienta de lo lindo y la ruta siempre ascendente empieza a poder con mis kg de más. Llegamos a un asentamiento nómada, donde una familia de 7 miembros arregla y desparasita sus cabras y prepara la comida sin importar siquiera que prácticamente invadieramos su intimidad. Mohamed nos hace de traductor mientras yo me pregunto sobre las condiciones en las que viven estas personas: tan pocos medios, en tan inóspito lugar y tantas tareas que para nosotros son fáciles, para ellos supone un esfuerzo incalculable. Descendemos de nuevo hacia el albergue mientras me siento algo mal por realizar algunas fotos. Imagino qué pensarán o qué tendrán de interesante ellos para hacerles fotos.

Una vez abajo, Mohamed nos invita a pasar a casa de su primo. Un té y un merecido descanso nos vienen de lujo antes de llegar al hotel y comernos hasta las piedras. A la tarde, mientras descansábamos, Mohamed se acercó a saludarnos e invitarnos a dar una vuelta por el palmeral entre charlas, esta vez algo más profundas: política, religión, familia, vocabulario…
Compramos algo para la cena y nos despedimos de Mohamed esperando verle en otra ocasión. Es el “puto amo”! Cenamos bajo una jaima pensando en la jugada de mañana: dirección Merzouga!
PD. Venimos de la tierra para volver a ella.